El espíritu del escorpión

El espíritu del escorpión. La máscara del genocida de Srebrenica, de Fernando Llor y Pablo Caballo (Evolution Comics – Panini)

Radovan Karadzic fue el presidente de la República Serbia de Bosnia (República Srpska) entre los años 1992 y 1996. El Tribunal de la Haya lo acusó de ser uno de los principales responsables de las masacres cometidas por los serbios en Bosnia, entre ellas el sitio de Sarajevo y la matanza de casi 8.000 musulmanes en Srebrenica. Entre 1996 y 2008 estuvo fugado de la justicia, hasta que finalmente los servicios secretos serbios descubrieron su paradero y su nueva identidad. En marzo de 2016 fue condenado a 40 años de prisión por genocidio, por crímenes de guerra y por violar la Convención de Ginebra. En estos hechos se han basado Fernando Llor y Pablo Caballo para crear uno de los cómics que más me han impactado en los últimos tiempos.

Los diversos conflictos que asolaron los Balcanes en los años 90 han sido llevados con anterioridad al cómic, especialmente por parte de Joe Sacco y sus cómics periodísticos. Con un enfoque distinto, también son muy interesantes Macedonia, de Harvey Pekar y Heather Robertson con dibujo de Ed Piskor y Patria, de Nina Bunjevac. A diferencia de estas obras, el trabajo de Llor y Caballo se aleja la visión histórica y documental para conseguir golpear directamente nuestra conciencia. Las atmósferas que crean, los momentos en que la angustia se desborda y un final, que aunque ya conozcamos de antemano, no deja de sorprender se combinan para sacudirnos y hacernos reflexionar sobre la naturaleza humana.

La estructura narrativa de El espíritu del escorpión es sencilla, con dos líneas temporales que se van cruzando a lo largo del relato: Belgrado a inicios de 2008 y la Bosnia en plena guerra del año 1995. En la primera, la protagonista es Jasmina, una mujer que acude a un curandero – Dragan Dabic – que utiliza terapias alternativas para sanar a sus pacientes; en la segunda, el protagonismo recae en Radovan Karadzic y su papel de mando supremo de las tropas serbias de Bosnia durante la guerra. El trabajo de Fernando Llor es excelente y consigue que ambas subtramas nos atrapen y nos interesen por igual. La tensión va creciendo a medida que avanza el argumento y de la mano del excelente dibujo de Pablo Caballo somos testigos de una historia brutal. El contraste entre la vida y la muerte es el eje fundamental de la narración.

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En una Europa que había superado los traumas de la Segunda Guerra Mundial y que encaraba con optimismo la caída del bloque comunista; el nacionalismo y los intereses económicos de algunas potencias se aliaron para causar centenares de miles de víctimas. Años después, tras la entrada en funcionamiento del Tribunal Penal Internacional se persiguió a algunos de los responsables, aunque como muestra el cómic, fueran considerados héroes nacionales. Los cánticos a favor de Karadzic eran habituales y su figura aún despierta polémica tanto en Serbia como en Bosnia. Parece increíble que un personaje como él fuera capaz de vivir tranquilamente en Belgrado e incluso de viajar por Europa durante 12 años.

El trabajo gráfico de Pablo Caballo  es simplemente espectacular. La portada ya muestra el tono de las páginas del cómic, con el blanco y sobretodo el negro como elementos fundamentales. Las composiciones de página son acertadas, con elecciones más convencionales para los momentos en que la acción avanza lentamente y composiciones muy dinámicas para acentuar el frenesí de los momentos de acción. El expresionismo de los personajes es aterrador, las miradas y las sonrisas muestran el mal al que fueron capaces de llegar Karadzic y sus escorpiones. El uso de las onomatopeyas es otro de los aspectos claves, ya que no solo sirven para representar sonidos sino que sirven a Caballo para construir sensaciones y atmósferas. Vale la pena detenerse en cada una de las páginas para maravillarse ante lo que es capaz de conseguir la mancha negra que recuerda a autores míticos como Breccia.

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El espíritu del escorpión ha sido uno de los cómics más interesantes que he leído en los últimos tiempos. Pese a que está situado en un acontecimiento histórico que siempre me ha interesado y sobre el que leído bastante, el cómic me ha descubierto facetas que desconocía. Es una lectura adictiva que además destaca visualmente y muestra la cantidad de recursos que posee el cómic para hacer memoria. El pasado reciente es muchas veces olvidado cuando hablamos de Historia, especialmente en el ámbito escolar, y un conflicto como el de la Antigua Yugoslavia, acaecido hace menos de tres décadas, es uno de esos temas a los que nunca nos da tiempo a llegar en clase. La obra de Fernando Llor y Pablo Caballo es una forma inmejorable de acercarse a la guerra que asoló los Balcanes y de cuestionarnos cómo fue posible que algo así sucediera en el corazón de la Europa de finales del siglo XX. Como afrimaba el fallecido recientemente Josep Fontana, el oficio de historiador y de quienes nos dedicamos a enseñarla consiste en preguntar al pasado para comprender los problemas del presente y así poder corregirlos en el futuro. Es necesario no olvidar.

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